Por qué el argumento moral para la noviolencia importa

Este artículo, escrito por Kazu Haga,  se publicó el 5 de mayo de 2017 en la web de Waging Nonviolence y lo he traducido con la ayuda de Google Translate.


Cuando la gente habla de la noviolencia en el contexto del cambio social, suele hablar de organización noviolenta, acción directa noviolenta, resistencia civil noviolenta; arenas donde la palabra “noviolencia” es sólo un adjetivo que describe la ausencia de violencia física dentro de un conjunto de tácticas y estrategias. La filosofía de la noviolencia y la cuestión moral de la violencia a menudo se consideran demasiado complicadas o farragosas, incluso por quienes creen que es un principio.

El movimiento por los derechos civiles fue liderado en gran parte por líderes que creían en la noviolencia como un imperativo moral. No sólo fue lo más efectivo, sino también lo correcto. Mientras Martin Luther King Jr. y sus aliados más cercanos se aferraban a esta creencia, algunos otros líderes del movimiento, así como la gran mayoría de las personas que se movilizaron por el movimiento, sólo entendieron la noviolencia como una estrategia.

La mayoría de los movimientos en los que he participado, incluso aquellos que tenían una estricta política de noviolencia, tienden a alejarse de la cuestión moral, posiblemente por temor a ahuyentar a posibles participantes.

Y lo entiendo. Sostener el argumento de que la noviolencia debe ser vista como una forma de vida es mucho más difícil de vender que convencer a la gente de que es la estrategia más eficaz para lograr una meta. Convencer a las personas para que permanezcan noviolentas durante una manifestación es mucho más fácil que convencer a la gente para ver cómo practicar la noviolencia en todas las áreas de su vida.

Nos encontramos en un momento urgente de la historia. Desde el cambio climático hasta la agenda de Trump, no podemos permitirnos el lujo de esperar hasta mañana. Necesitamos un movimiento hoy. Así que quizás tratar de sostener el argumento moral no es lo más estratégico.

Pero King nos enseñó que nunca es el momento equivocado para hacer lo correcto. Y así, creo que es el momento adecuado para sostener el argumento de que la violencia en sí, es nuestro mayor enemigo.

Honrando la violencia

Sostener el argumento moral de la noviolencia no significa lanzar un juicio moral sobre aquellos que usan o defienden la violencia, especialmente como un medio de autodefensa.

Como defensor de la noviolencia, he aprendido mucho de gentes como las del Partido de las Panteras Negras, los Zapatistas, los Diáconos para la Defensa y los anarquistas en la Guerra Civil Española, entre otros. Sus luchas y sacrificios nunca deben ser subestimados, ni debemos ignorar las muchas lecciones de sus movimientos.

Tampoco debemos juzgar a los que han usado la violencia para defenderse en las relaciones interpersonales: relaciones abusivas, robos, asaltos, etc. Si la gente sentía que eso era su único medio de protegerse, yo sólo rezo para que les saliera bien.

Finalmente, necesitamos reconocer los niveles extremos de violencia en los que muchas personas nacen debido a la injusticia sistémica. Colocamos a la gente en generaciones de pobreza e invertimos en una cultura de violencia y luego los juzgamos por reaccionar con violencia. Por más inarticulados que sean, incluso los disturbios suelen ser un grito de paz de un pueblo que nunca la ha tenido.

Así, la violencia puede ser una herramienta eficaz para protegerse a sí misma y a los demás contra una amenaza, y puede ser usada para expresar la indignación por la injusticia. Hay un gran valor en ambas.

Sin embargo, la violencia también está limitada de una manera muy importante, y es que la violencia nunca puede crear relaciones.

La violencia nunca puede acercarte a la reconciliación, aproximarte a la “amada comunidad” de King, el mundo reconciliado con justicia para todas las personas. Y esa es quizás la diferencia más significativa entre un enfoque basado en principios noviolentos y un enfoque que utiliza la violencia o la noviolencia de forma estrictamente estratégica. Los objetivos son diferentes.

Resolución vs. reconciliación

En los movimientos que son violentos o simplemente usan tácticas noviolentas, el objetivo es la victoria, donde la victoria se define como “tu” gente golpeando a “esa” gente para vencer en tus luchas. La victoria es sobre tus oponentes. Pero en un enfoque basado en principios, no hay victoria hasta que te hayas ganado a tus oponentes.

En un enfoque noviolento de principios, el objetivo es siempre la reconciliación y los pasos hacia la comunidad amada. El objetivo es siempre construir y fortalecer relaciones y unir a personas y comunidades, no separarlas. Si no somos capaces de encontrar maneras de unir a las comunidades, siempre tendremos separación, violencia e injusticia.

Incluso si eres capaz de lograr victorias a corto plazo, si las relaciones entre las personas se dañan en el conflicto y estáis más lejos la una de la otra como resultado, entonces no es una victoria en absoluto. Si sólo tus tácticas son noviolentas y no tu cosmovisión, cualquier problema en el que estés trabajando podría resolverse, pero las relaciones no se repararán.

Fue un equipo de entrenadores de la noviolencia de King encarcelados en la prisión de Soledad los que me enseñaron esto durante una conversación que tuvimos sobre la diferencia entre la resolución de conflictos y la reconciliación de conflictos.

La resolución de conflictos tiene que ver con la solución de problemas. La reconciliación de conflictos consiste en reparar las relaciones. Resolver un problema trabaja sobre la mente, se trata de políticas, estructuras, leyes, las causas de la violencia. Conciliar una relación trabaja sobre el corazón, se trata de la gente, las historias, la Historia: el impacto humano de la violencia.

Los niveles de violencia hoy en día son tan elevados que habrá momentos en que los movimientos necesitarán usar tácticas noviolentas asertivas y militantes para detener el daño inmediato y exigir el cambio.

Como dice Marshall Rosenberg, el fundador de la comunicación no violenta, necesitamos “usar la cantidad mínima de fuerza necesaria para detener el daño inmediato”. Y nunca nos paramos a pensar cuánto es la “cantidad mínima”.

Este es el reino de las estrategias y tácticas noviolentas como la no cooperación y la desobediencia civil. Tácticas que podrían detener la construcción de un oleoducto, aprobar leyes de protección de los votantes o incluso llevar a una revolución política.

Pero si nos detenemos allí, las relaciones entre las comunidades todavía estarán divididas, y todavía podría haber miedo, desconfianza y resentimiento. Si las relaciones humanas no se curan, el conflicto volverá a surgir en alguna otra cuestión. Cualquier paz obtenida a través de la revolución política, pero no de una revolución de las relaciones, es de corta duración.

La reconciliación es lo que exige un enfoque basado en principios no violentos.

La necesidad de sanar

La naturaleza misma de la violencia es injusta. Como ha dicho el reverendo James Lawson, uno de los principales instructores del movimiento por los derechos civiles, “la violencia tiene una dinámica muy simple. Te hago sufrir más de lo que yo sufro. Te hago sufrir hasta que lloras, tío”. Es la propia idea de que podemos usar la fuerza, el miedo y la intimidación para conseguir lo que queremos lo que se convierte en nuestro enemigo.

Porque la violencia duele, y punto.

Todos sabemos eso. Todos lo hemos experimentado: física, emocional y espiritual. Duele ser golpeado, pero duele más sentirse abandonado, solo, avergonzado, desesperanzado, desesperado, indigno, asustado, utilizado. Y con demasiada frecuencia nos hacen sentir esto las personas de nuestra propia familia, de nuestros propios movimientos, de nuestras propias comunidades.

Estar comprometidas con un enfoque basado en los principios de la noviolencia nos obliga a mirar el dolor que llevamos nosotras mismas, y el dolor que nos infligimos unas a otras dentro de nuestras comunidades. Es fácil señalar con el dedo y decir que la violencia está “allá”.

He hablado con demasiadas personas que compartieron que los traumas que llevan no fueron más que reactivados y empeorados por la violencia que presenciaron dentro de los movimientos. Cuando decimos que estamos comprometidos con la noviolencia, no sólo estamos diciendo que queremos detener la violencia “allá” que “esas personas” están cometiendo. También tratamos de trabajar en las formas en que nosotras mismas perpetuamos el daño como resultado de nuestros propios traumas no sanados. Estamos trabajando para sanarnos a nosotras mismas tanto como a cualquiera que percibamos como nuestros enemigos. Estamos trabajando para cambiar la forma en que nos relacionamos entre nosotras en nuestras propias comunidades, tanto como estamos trabajando para cambiar cualquier política.

Si usted vive en una comunidad empobrecida o si trabaja en la aplicación de la ley y su trabajo es deshumanizar a la gente todo el día, no somos una sociedad sana. Duele ser testigo de la violencia, duele experimentar violencia, y duele infligir violencia. Cada uno de estos dolores causa traumas.

Sí, tenemos que luchar. Pero sólo para que podamos crear espacios para sanar y construir.

Comunidad amada

“Estamos atrapadas en una red ineludible de reciprocidad, atadas en una sola prenda de destino”, escribió King en su Carta desde una cárcel de Birmingham. “Lo que afecta a uno directamente, afecta a todos indirectamente.”

Esta verdad universal aparece en muchas culturas y tradiciones de todo el mundo. Los pueblos aborígenes de Australia nos enseñan: “Si has venido aquí para ayudarme, estás perdiendo el tiempo. Pero si has venido porque tu liberación está ligada a la mía, entonces trabajemos juntos”.

Esa es la visión de la comunidad amada. Un mundo donde reconocemos nuestra interdependencia – nuestro “inter-ser”, como dice el maestro budista Thich Nhat Hanh.

Mi liberación está ligada a la suya. Ése es un concepto hermoso, y una cita popular en muchos círculos progresistas. Pero, ¿hasta qué punto lo creemos realmente? ¿Está nuestra liberación ligada a la liberación de unas y no de otras? ¿Qué hay de las personas que votaron por Donald Trump o personas que nos han herido personalmente? ¿Quién dibuja esa línea? ¿Alguna gente se queda fuera de la “red de reciprocidad” de la que hablaba King?

¿Como te imaginas el trabajar juntas para “liberar” a quienes cometen daño? ¿Qué significa reconocer que ser oprimida daña, pero ser opresora también destruye tu alma? Los privilegios de ser una persona opresora no te eximen de la violencia que se interioriza cuando haces daño a alguien.

En la comunidad amada no se trata de amar a las personas que son fáciles de amar. Se trata de cultivar el “ágape” – una palabra griega para designar el amor incondicional para toda la humanidad, incluyendo a aquellos que son difíciles de amar.

King dijo que el movimiento por los derechos civiles era un movimiento para los cuerpos de los negros y las almas de los blancos. Él reconoció que ser un supremacista blanco destruye tu alma. Tener tantos  prejuicios y odio en tu corazón es un acto de violencia que te haces a ti mismo, y parte de la meta del movimiento era ayudarles. Para traerles de vuelta a la red de mutualidad y recordarles que son parte de la comunidad amada.

Porque nuestra liberación depende de ello.

Fe en la gente

El núcleo de la teoría de la no violencia para mí se ha convertido en una fe inquebrantable en la naturaleza de la humanidad; que en nuestro corazón somos una especie que quiere vivir en paz y quiere estar en servicio y relación; que tenemos la resiliencia para sanar, no importa lo heridos que estemos, y tenemos la capacidad de transformarnos, no importa cuánto daño hemos causado.

Nos preguntaban todo el tiempo en nuestros talleres, “bueno, ¿no es la violencia simplemente parte de la naturaleza humana?” Y me esforzaba en responder porque era difícil de argumentar. Siempre ha sido parte de nuestra historia.

Con posterioridad, hace varios años, conocí a Paul Chappell, un graduado de West Point convertido en activista por la paz. Durante su presentación en una conferencia, dijo que cada estudio que se ha llevado a cabo sobre este tema, muestra que la violencia es traumática. Puede causar TEPT (Trastorno de Estrés PostTraumático), depresión, ansiedad y daño permanente a nuestro cerebro. Y sin embargo, ninguna persona ha sido traumatizada por un acto de amor.

A continuación preguntó: “si la violencia es parte de nuestra naturaleza, entonces ¿por qué cortocircuita nuestro cerebro?” ¿No deberíamos ser capaces de participar de ella y evitar que cause un daño permanente?

Eso para él era evidencia de que la violencia no está en nuestra naturaleza, que en lo más hondo de la naturaleza humana están las cosas que nos realizan como personas: amor, gozo, comunidad, paz.

Y eso es lo que necesitamos hoy: una creencia determinada y obstinada en la bondad de la gente. Necesitamos las tácticas feroces de la noviolencia para detener el daño inmediato, y los principios de la noviolencia para transformar el dolor. Sin uno u otro, siempre vamos a estar con el pie en el acelerador luchando contra la próxima injusticia o abordando el siguiente daño.

He sido muy privilegiado en mi vida. He llegado a ver tanta gente transformada a partir de las circunstancias más violentas, que ha podido ser más fácil para mí tener fe en la gente. Considero un gran  honor poder trabajar con las comunidades encarceladas. Todos los días aprendo de personas que han sobrevivido tanta violencia y en muchos casos han infligido tanto daño, y sin embargo, se han transformado para convertirse en algunos de los mejores pacificadores que he conocido. Mantiene mi fe en la resiliencia de la gente y en lo más profundo de la naturaleza humana.

Y si puedo tener fe en su naturaleza y su capacidad de transformar, ¿por qué no la van a tener los guardias de la prisión? ¿Por qué no el político que aprobó las leyes que llenan la prisión? ¿O el cabildero corporativo que impulsó esa legislación? ¿O el votante conservador que puso a esos legisladores en el cargo?

Puede tardar siete generaciones, pero si no estamos trabajando para un mundo que funcione para todas nosotras, entonces, ¿para qué estamos trabajando exactamente? Si estamos trabajando para cambiar las leyes y las políticas, pero los corazones y las mentes de la gente siguen siendo corruptas y todavía nos vemos mutuamente como “los otros”, ¿conoceremos alguna vez la paz?

Necesitamos una verdadera revolución noviolenta, no sólo de sistemas y políticas, sino también de cosmovisiones y relaciones. Necesitamos entender que la gente nunca es el enemigo, que la violencia y la injusticia misma es lo que necesitamos derrotar, y que el objetivo de cada conflicto debe ser la reconciliación.

Cada conflicto que enfrentamos tiene que ser visto como una oportunidad para fortalecer el entendimiento entre los miembros de una gran familia Humana que han crecido tan lejos que han olvidado su dependencia el uno del otro.

Es por eso que necesitamos un enfoque noviolento de principios para los males de la sociedad. Porque no son sólo leyes y sistemas los que nos han envenenado. Es una visión del mundo que nos ha hecho olvidar que nuestra liberación está ligada a la liberación de todas las personas.

Y sólo un enfoque holístico noviolento -que involucre tanto estrategias como principios- puede reunir la fuerza para detener el avance de la injusticia mientras atrae a las comunidades hacia la reconciliación.