Seguimos redactando el borrador de Constitución noviolenta mediante una lista de correo

Tras varios meses redactando el borrador de Constitución noviolenta utilizando la aplicación Telegram de nuestros móviles, nos hemos dado cuenta de que no era muy operativo, así que hemos creado una lista de discusión típica para usar nuestros correos electrónicos. Para apuntarte a esta lista, no tienes más que enviar un correo, sin importar su contenido, a la dirección siguiente:

escribes pueblo, y luego un guión medio, como este -, sin espacios ni nada, luego join, que significa unirse, luego la arroba y finalmente noviolento.es

Explicación de la campaña “Constitución noviolenta de un pueblo noviolento”

Algunas personas de Santomera, Molina de Segura, Bullas y la Huerta de Murcia estamos redactando unos documentos a los que denominamos Constitución noviolenta de cada uno de esos pueblos. Hemos comenzado de una manera informal y muy lentamente y sin tener siquiera claro en qué consisten estos documentos. Tras unos meses dándole vueltas a la idea y habiendo redactado ya algunos artículos, es el momento de aclarar un poco en qué consiste esta campaña.

Constitución

El documento lo hemos llamado Constitución ya que su objetivo es constituir de nuevo cada uno de estos pueblos, pero esta vez de una forma radicalmente distinta: sin violencia.

Cualquier persona puede participar en la redacción del documento, de hecho, cuanta más gente participe, más rico será y más legitimidad tendrá en el propio pueblo. No obstante, el documento no tiene ninguna validez jurídica ni aspira a ello, ni es un texto revelado que requiera veneración; es simplemente un documento donde se recogerán todas las ideas que se nos ocurran para transformar cada pueblo en un pueblo noviolento.

Noviolenta

La noviolencia que nos interesa para esta campaña es la llamada noviolencia pragmática o acción noviolenta por ser una ideología política para el cambio social y que contraponemos a la noviolencia como filosofía de vida que es más bien un estilo de vida en el que se renuncia a cualquier tipo de violencia. Por lo tanto, cuando hablamos de constitución noviolenta y de pueblos noviolentos, estamos hablando de utilizar una serie de estrategias y tácticas que se ha utilizado satisfactoriamente numerosos pueblos a lo largo de la historia reciente para resistir un ataque o para cambiar un régimen opresor.

Pueblo

Las campañas se han separado por pueblos por muchas razones:

  • En un pueblo la gente coincide de forma natural, puede reunirse y actuar con facilidad ya que tienen a la mano los recursos que necesitan y a la gente con la que van a actuar.
  • Los recursos de un pueblo son inmensos: población, naturaleza circundante, asociaciones (de vecin@s, de jóvenes, de mayores, deportivas, de consumo, etc.), empresas, ayuntamiento, policía, escuelas, centros de salud y hospitales, teatros, parques, jardines, plazas, suministros de agua y luz, saneamiento, trabajo, iglesias, centros sociales, mezquitas, inmigrantes y un largo etcétera.
  • La Constitución Española de 1978 concede cierta autonomía a las administraciones locales, pudiendo legislar a nivel local y pudiendo recibir financiación del resto de administraciones y de Europa.
  • La mayoría de acciones noviolentas requieren de mucha gente para salir adelante con éxito y es más fácil que se una gente de un pueblo para defender una causa que afecte al pueblo en su conjunto.

Noviolento

Se repite otra vez la palabra y el concepto noviolento para recalcar que la noviolencia es tanto un método como un fin. No es posible constituir un pueblo noviolento por medios violentos.

En un artículo anterior explicábamos los pasos probables para transformar un pueblo en noviolento siguiendo esta campaña. Estamos aún en el primer paso, donde la gente participa más por curiosidad que por convicción. Pero aunque lentamente, seguimos hablando sobre violencia y noviolencia, y seguimos añadiendo artículos a la constitución.

 

Quiero transformar contigo nuestro pueblo en noviolento

He leído el discurso emotivo para transformar el mundo a la noviolencia y he pensado en que me gustaría vivir en ese mundo contigo. He leído el  borrador de Constitución noviolenta de pueblo noviolento y he pensado en ti para comenzar a ponerla en marcha.

Porque somos afines, porque somos amig@s, porque te amo. Porque sé que sólo no puedo ser noviolento, pero contigo sí. No me importa lo que tardemos en conseguirlo ni si llegaremos a verlo, me reconforta saber que tú y yo estamos apoyándonos mutuamente para transformar esta sociedad y que esto nos va a transformar.

Y no somos sólo tú y yo, porque tú y yo solo somos dos, pero con uno más cada uno somos cuatro y cuando nos vengamos a dar cuenta, seremos miles.

Pasito a pasito. Leamos los artículos y veamos los que podemos practicar. Veamos nuestras dificultades y éxitos y compartámoslas con otras personas. Cada vez que pongamos en práctica uno de los artículos, estaremos más cerca de vivir en ese mundo noviolento que quiero compartir contigo.

Te amo.

 

Discurso emotivo para transformar el mundo a la noviolencia

Tras leer unos cuantos libros sobre la noviolencia y numerosos artículos en Internet me he convertido en un entusiasta de la noviolencia, y como al Quijote, se me ha secado el cerebro y creo que es posible transformar este mundo en un mundo noviolento. El problema es que no sé escribir un discurso emotivo para comenzar esta transformación.

En un primer párrafo debería hablar de que vivimos en un mundo violento y enumerar una larga retahíla de ejemplos: guerras, contaminación, refugiados, terrorismo, violencia de género, … y quizás valerme de un hecho trágico que aún perdure en nuestro imaginario colectivo para tratar de impactarte o sensibilizarte. Pero no soy capaz. Por más que lo intento, no consigo escribir ese discurso enardecedor que sea capaz de movilizarte. Desisto, lo dejo para otras escritoras o escritores más capaces.

En el siguiente párrafo debería hablar de lo sorprendente que me resulta que nadie haga nada y generalizar, así, a lo bruto: “nadie hace nada”, incluso preguntarme de forma retórica: “¿pero es que nadie hace nada?” Pero no soy capaz porque no creo que sea verdad. Veo a mucha gente haciendo muchas cosas, encuentro mucha información, incluso de agencias oficiales, que presentan la violencia en este mundo de forma rigurosa e incluso hacen cábalas sobre cómo evitarla.

Finalmente, en un último párrafo, debería presentar una idea para acabar con la violencia en el mundo.

Afortunadamente, eso sí que soy capaz de hacerlo. La idea se llama “Constitución de pueblos noviolentos”. Desde hace unos meses, varios grupos de personas, en Santomera, Molina de Segura, Bullas y la Huerta de Murcia hemos estado redactando un borrador de constitución de pueblo noviolento. Puedes leerla en el artículo correspondiente en la wiki: Constitución noviolenta.

La idea es muy sencilla. Para constituir un Estado se utiliza una Constitución y parece que funciona y a la gente le parece una buena idea. Por lo tanto, redactemos Constituciones para constituir pueblos noviolentos y pongámoslas en práctica.

¿Que cómo se pone en práctica? Pues como todo, poco a poco, pasico a pasico.

Primer paso.

Lee la constitución, sóla o en grupo. Piensa sobre los artículos, complétalos, discútelos, ponlos a prueba. Esta constitución es flexible, se puede modificar constantemente, se puede adaptar a cada pueblo, se pueden añadir y quitar artículos. La única condición es que todo se haga de forma noviolenta.

Segundo paso.

Comienza a ponerla en práctica. Pero no lo hagas tú sola o solo, transformar un pueblo a la noviolencia no es tarea fácil. Búscate a alguien de confianza. Formar parte de un pueblo noviolento no se puede forzar, sólo se puede invitar. Si invitas a las personas a las que amas, o con las que más confianza tienes, o a las que te une una gran amistad o quieres tenerla, añadirás miembros al pueblo de forma noviolenta. Si una persona te contesta que no tiene tiempo, o no le interesa, no te desanimes, piensa que no tienes la suficiente confianza o influencia sobre ella. Otra persona la tendrá.

Tercer paso.

Recoged las experiencias, los éxitos y los fracasos y añadidlos a la Constitución. Otros grupos se pueden beneficiar de vuestras experiencias satisfactorias y os pueden ayudar en vuestras dificultades. Recordad, no se obliga a nadie a nada.

Cuarto paso.

Mi imaginación no da para más. No sé cómo se pasará de estos pequeños grupos a grupos más grandes hasta llegar al pueblo completo, ni me interesa imaginarlo. Ya llegaremos ahí y ya veremos cómo se hace. Eso sí, recuerda que siempre será de forma noviolenta.

La paradoja de la noviolencia

En la sociedad actual en la que estamos inmersos la violencia está, según lo radical que nos queramos posicionar, desde fuertemente institucionalizada hasta simplemente consentida. Por eso, los actos violentos nos parecen algo impactante pero cotidiano, molesto pero inevitable, ajeno pero amedrentador. La violencia nos genera al principio estupor, ansiedad y miedo, pero tras ese primer impacto, nuestra mente comienza a rebajar la tensión, a repetir las ideas que nos permiten calmarnos, a naturalizar los hechos, a poner distancia y a otra cosa mariposa.

Pero hay una serie de hechos que, no siendo violentos, logran generar estas mismas reacciones. De hecho, he comprobado que hay determinados actos considerados noviolentos que pueden generar un cierto grado de violencia: es la llamada paradoja de la noviolencia. Por ejemplo, una huelga de hambre, un bloqueo de una carretera, la ocupación de un banco, el vegetarianismo, la comunicación noviolenta, etc.

El ejemplo más claro de esta paradoja lo he vivido durante la época en la que fui vegetariano. El vegetarianismo es un posicionamiento contra el consumo de carne de animales. En mi caso, no me hice vegetariano por amor a los animales o porque quisiera llevar una dieta más saludable, sino porque investigué los efectos que para el planeta y para el ser humano tenía la producción de la carne y decidí no ser cómplice de estos efectos negativos. Pues bien, a lo largo de los tres años más o menos que duró mi experiencia, generé más violencia que comprensión hacia mi postura. Esto me resultaba bastante contradictorio pues era una opción personal que yo creía que no dañaba a nadie (salvo a la industria cárnica, pero con ellos no tuve la ocasión de debatir), antes al contrario, beneficiaba al planeta, a los propios animales y a los seres humanos. Hasta tal punto era la violencia que generaba en los demás, que finalmente decidí que ese no era el camino para comunicar mi posicionamiento ante la pobreza y demás injusticias globales.

¿Realmente mi actitud noviolenta generaba violencia?

Estoy convencido de que sí. La gente que me rodeaba y que consumía carne estaba actuando de forma normal v aceptada socialmente, y por lo tanto, no había violencia en su acción. Yo, en cambio, estaba actuando contra las reglas y lo estaba haciendo además muy torpemente, pues se sentían atacados por mi actitud en algo muy íntimo: la comida.

Lo mismo me ocurría con la comunicación noviolenta. La gente me acusaba de utilizar un lenguaje que no era natural, se molestaba si le decía que su lenguaje era violento, y, de nuevo, tenían razón.

Y es que la palabra noviolencia nos enfrenta directamente con nuestra violencia. Si yo te digo que estoy utilizando la comunicación noviolenta, te estoy diciendo que tu comunicación es violenta. Si te digo que soy vegetariano te estoy planteando que tú eres carnívoro y que hay violencia en eso. Si cortamos una carretera para protestar por una situación violenta, te estamos haciendo cómplice de esa violencia. Por eso, la palabra noviolencia tiene el poder de hacer visible la violencia que de otra forma pasa inadvertida.

¿Es posible evitar esta paradoja?

Es muy complicado. Podríamos utilizar la comunicación noviolenta para comunicar nuestras acciones noviolentas, pero ya hemos visto que también puede generar violencia. En una sociedad que se formara en la noviolencia, donde la gente se comunicara empáticamente, donde la violencia fuera vista como algo anormal y a evitar, donde los conflictos se vieran como una oportunidad para entenderse, etc. la noviolencia no generaría violencia, porque sería la conducta normal y aceptada socialmente. Por eso, hasta que no logremos transformar esta sociedad a la noviolencia, estaremos sujetos a la paradoja de la noviolencia.

¿Y cómo podemos transformar la sociedad a la noviolencia?

Pues simplemente poniéndonos manos a la obra, de forma noviolenta, por ejemplo, redactando constituciones noviolentas en todos los pueblos, como se está haciendo en Molina de Segura y en Santomera (Murcia). Pero ojo, que al decir constituciones noviolentas la gente puede pensar que la Constitución de 1978 es violenta…