Noviolencia en España

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España siempre ha sido un país donde la noviolencia ha tenido muy buena acogida e importantes victorias. En los últimos tiempos, la capacidad de movilización, así como la creatividad y originalidad de sus acciones ayudaron a renovar por completo las herramientas de acción y agitación de los movimientos sociales y su legado noviolento sigue estando muy presente en las manifestaciones del 15M, las diferentes mareas por la sanidad y la educación públicas y, especialmente, en las acciones de la PAH y su #StopDesahucios.

Quizá la próxima acción colectiva noviolenta se vea en Cataluña el próximo 9 de noviembre, día en el que se ha convocado el referéndum por el derecho a decidir y que, ipso facto, fue prohibido por el Tribunal Constitucional. Si CiU, ERC y el resto de fuerzas que defienden la consulta deciden instalar las urnas y llamar a la ciudadanía a participar, estaremos ante un claro ejemplo de desobediencia civil.

Pero, sin duda, y como bien recoge Castañar en su libro, esta discusión sobre desobediencia civil y noviolencia se vio renovada y potenciada en España “con la irrupción de un potente movimiento antimilitarista y la campaña de insumisión en los años ochenta y noventa”. La campaña de insumisión como tal fue una estrategia de desobediencia civil tanto al servicio militar obligatorio como a la prestación social sustitutoria que, formalmente, comenzó el 20 de febrero de 1989 y que no concluyó hasta el 31 de diciembre de 2001, fecha en la que se suspendió el servicio militar en todo el país.

A pesar de que fueron muchas las organizaciones que apostaron por este objetivo, fue el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC), una organización antimilitarista y con una filosofía revolucionaria de la noviolencia quien diseñó las pautas principales de esta larga campaña, aunque también es cierto que el propio MOC nació en torno a esta campaña de desobediencia civil, pero sobrevivió al fin del servicio militar obligatorio –y todavía resiste- como una forma de lucha contra la militarización en otros muchos aspectos de la sociedad. Estos movimientos bebían de autores y experiencias de distintos países, se inspiraban en Gandhi y hacían suyos los valores de otros movimientos coetáneos como los que rechazaban las guerras de Argelia y Vietnam en Francia y EEUU.

Aun así, el antimilitarismo contaba con una larga tradición en España, ya que a lo largo del siglo XIX había arraigado en la lucha contra el sistema de reclutamiento conocido como quintas. Ese modelo permitía librarse del servicio militar a las clases adineradas mediante el pago de un sustituto. Más adelante, durante la Segunda República, surgieron algunos grupos pacifistas como la Orden del Olivo o la Liga de Refractarios a la Guerra e incluso se llegó a poner en marcha una campaña de insumisión al servicio militar de carácter netamente antimilitarista.

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