Curso de gramática: de chacal a jirafa: la culpa (y 3)

En el primer artículo sobre la culpa la describí como un conjunto de sentimientos expresados de forma que eluden mi responsabilidad y en el segundo artículo expresé cómo me vi atrapado por un sentimiento de culpa feroz al dañar a una amiga muy querida. En ambos casos, comprendí que la culpa era inútil.

La inutilidad del falso sentimiento de culpa es más aparente incluso cuando alguien te manifiesta que se siente culpable por algo que te ha hecho. Salvo que tu intención sea  aprovecharte de la mezcla de sentimientos de dolor, pena, tristeza, abatimiento, etc. que siente la otra persona para abusar de ella, el sentimiento de culpa puede hacer bien poco por ti.

Hace unos días, una amiga me manifestó que se sentía culpable de no haber intervenido con más decisión en una serie de conflictos en un grupo de niños y niñas entre las que se encontraban su hijo y mi hija. A grandes rasgos, yo mantenía una postura firme de proteger a mi hija de golpes de otros niños y niñas y su postura era más bien de una intervención mínima entre ellas y ellos. Estas posturas enfrentadas nos llevaron a un cierto distanciamiento de las familias que yo viví con tristeza y consternación.

Cuando mi amiga me manifestó que se sentía culpable, lo primero que escuché fue un claro reconocimiento de que yo tenía razón. Puesto que yo sabía que no debía aprovecharme de su sentimiento de culpa, le pregunté si tras sus palabras había un sentimiento de tristeza y pena por lo sucedido o más bien un sentimiento de reconocimiento hacia mi postura en el conflicto. Ella me contestó que reconocimiento y seguimos hablando un rato sobre el tema en un tono distendido y amigable.


Pero la culpa que se había manifestado ya había operado en mí a un nivel subconsciente: me aproveché de su sentimiento de culpa para que reconociera que yo tenía razón en el conflicto. Me aproveché de su dolor y de su honestidad para que manifestara que ella estaba equivocada, y además, todo esto en un entorno de confianza entre nosotras, y yo actuando desde mi rol de facilitador en comunicación noviolenta.

La culpa nos arrastró a ambas. Ella se mostró débil y yo estaba aún dolido. Ella fue un chacal honesto y yo fui un chacal rencoroso. La culpa está tan arraigada en ella como en mí, y cuando la dejamos aparecer es fácil que se establezca una relación de abuso.

Comencé este curso de traducción de lenguaje chacal a jirafa advirtiendo de que la culpa era uno de los elementos del lenguaje chacal más utilizados. De tan utilizada, me resulta tan natural expresar que me siento culpable como abusar de la persona que se siente culpable. Por eso considero necesario poner conciencia para dejar de utilizar este complejo elemento gramatical del lenguaje chacal y utilizar estructuras más simples, verdaderos sentimientos como la expresión del dolor, la pena, el cansancio, …

Con esta tercera entrega cierro el tema de la culpa para pasar a experimentar un nuevo tema que me atrevo a juzgar como el más utilizado del lenguaje chacal: el juicio.

Curso de gramática: de chacal a jirafa: la culpa (2)

Ayer dañé a mi mejor amigo. Hice algo espontáneo que le produjo una dolorosa tristeza y un sentimiento de desconexión conmigo.

Me sentí culpable, a pesar de que en la primera parte de esta serie de artículos, expliqué que la culpa no es un sentimiento.

Sentí una enorme presión en el estómago que a duras penas conseguía aliviar tumbándome en el sofá, poniéndome la mano sobre la barriga y respirando profundamente. Mi mente comenzó a imaginar todas las posibles formas en las que mi amigo estaría sufriendo por mi culpa y las catastróficas consecuencias que mi acción iba a tener sobre nuestra relación. Cuanta más rienda suelta daba a mi mente, más intensa era la angustia en mi estómago.

Cuando estuve algo más relajado, le escribí un correo electrónico pidiéndole perdón, justificando mi acción declarándole una parte de mí soberbia que no controlaba, diciéndole que lo sentía y acabé manifestándole que para que no se repitiera algo así, no volvería a expresar más mi opinión.

Me tumbé otra vez en el sofá, respirando profundamente, ahora con la inquietud de si mi correo electrónico serviría para mejorar o empeorar las cosas y el agudo pinchazo del estómago apareció con más fuerza.

Me levanté y salí a la calle, bajo un sol de justicia, a ver si encontraba una jirafa que me diera algo de empatía:

Jirafa: ¿Cómo te sientes?

Yo: Fatal, me siento culpable.

Jirafa: Perdona, eso no lo reconozco como sentimiento. ¿Qué sientes físicamente en el cuerpo?

Yo: No consigo relajarme, tengo el nervio metido en el estómago y apenas puedo respirar.

Jirafa: ¿Qué debería ocurrir para que esa sensación acabase?

Yo: Ojalá me contestara al email y me dijera que lo que hice no había sido para tanto y que no me preocupara, que ya se le había pasado.

Jirafa: ¿Te gustaría que él no estuviera sufriendo ahora mismo?

Yo: Sí, lo que más pena me produce es el dolor que le he causado. Me gustaría hacer algo para que su dolor desapareciera, pero temo que cualquier cosa que haga puede acrecentar su dolor.

Cuando daño a alguien, lo que más pena me causa es imaginar el dolor de la otra persona y para acabar con mi sufrimiento deseo que la otra persona deje de sufrir cuanto antes. Sin embargo, esta estrategia para satisfacer mi necesidad de tranquilidad coloca toda la responsabilidad en la otra persona y puedo acabar presionándola para que olvide su dolor.

Una vez que me di cuenta de esto y acepté que mi amigo debía gestionar su dolor sin que yo me entrometiera, comencé a relajarme y a confiar en él, en nuestra amistad y en su proceso. De este modo, pude aprovechar la energía que me proporcionaba mi dolor para concentrarme más en mí, para recordar mi acción, para reconocer cómo me sentía cuando hice lo que hice y para detectar las necesidades que me llevaron a actuar así con mi amigo. Pude entonces recordar y analizar comportamientos similares que han provocado dolor en otras ocasiones y diseñar estrategias para cambiarlos.

Al dejar de centrarme en que mi amigo me perdonara rápidamente y, en cambio, observarme a mí mismo, conseguí atravesar mi sensación física de dolor para conectarme más profundamente conmigo mismo.

Al poco tiempo mi amigo me llamó por teléfono “en lenguaje jirafa” y tuvimos una conversación donde me expresó claramente su dolor por mi acción y por mi reacción; donde yo pude expresarle mi pesar sin culpa y donde nos sentimos aliviados y con confianza de nuevo entre nosotros.

Curso de gramática: de chacal a jirafa: la culpa (1)

Cuando elijo satisfacer mi necesidad de placer sexual masturbándome ante una película porno, una vez acabada la excitación, me siento vacío y frustrado porque al elegir una película porno no estoy satisfaciendo mis necesidades de amar y respetar a todos los seres humanos.

Pero no me siento culpable.


La culpa es una compleja categoría gramatical del lenguaje chacal que engloba muchos sentimientos: tristeza, vacío, abatimiento, asco, resentimiento, miedo, … En el lenguaje jirafa, la culpa no es un sentimiento, sino una percepción de mis sentimientos enfrentados al exterior. Sentir culpa evita que asuma la responsabilidad de mis actos y además me hace sentir vulnerable ante los juicios moralistas de las demás personas.

Veamos cómo sería un diálogo típico en lenguaje chacal sobre la culpa generada por ver porno:

Chacal: Me ha parecido ver en tu móvil un vídeo porno…

Yo: Err… pues sí, aunque no me gusta el porno, de vez en cuando veo algún vídeo.

(La duda inicial indica incomodidad, pero aún así, la respuesta es sincera)

Chacal: ¿De verdad? Me quedo muerta, no me lo esperaba de ti.

(Por la forma de expresar sus sentimientos de incredulidad, abatimiento y desconfianza hacia mí, pienso que me está juzgando de forma que no aprueba mi comportamiento.)

Yo: Ya ves, es una cosa que me acompaña desde adolescente, no me puedo desembarazar de esto, el acceso es muy fácil ahora, …

(Reacciono al juicio poniendo excusas improvisadas)

Chacal: Tanto hablar de noviolencia, ¿no te parece que el porno es violento?

(Continúan los juicios sin preguntarme cómo me siento)

Yo: Claro que lo es, normalmente busco películas donde no haya violencia, pero la verdad, no las encuentro, son todas iguales.

(Me estoy sintiendo muy vulnerable y culpable. Estoy tratando de proteger mi integridad moral).

Chacal: Joder, pues no sé que decirte, ¿no te dan pena las mujeres explotadas, la dominación, …? ¡Y luego te declaras feminista!

(El tono de repulsa va en aumento, la otra persona se está situando en un plano moral superior al mío, …)

Yo: ¿Y qué puedo hacer? He intentado no verlo, pero no puedo evitarlo y menos ahora que es tan fácil acceder al porno desde cualquier dispositivo … No merezco llamarme feminista ni noviolento, esto es una lacra de la que soy incapaz de deshacerme …

(Me empequeñezco, me siento vulnerable y cada comentario me produce más dolor. Me declaro incapaz de controlarme, como si fuera una persona perversa. Mi autoestima está muy dañada.)

La conversación podría continuar indefinidamente y yo seguiría sin asumir la responsabilidad de mi acción. Prefiero sentirme culpable, dejarme juzgar, aceptar que soy malo o que hay una parte perversa en mí, al fin y al cabo, la culpa en nuestra sociedad está bien valorada.  Sin embargo, esto me hace vulnerable y me pone a merced de mi interlocutora, quien se siente legitimada para abusar de mi vulnerabilidad y entrar de este modo en un ciclo de culpa-juicio muy destructivo para nuestra relación.


Una de las características principales de la Comunicación No Violenta es que evita los juicios moralistas, que provocan excusas y culpabilidad apartando a las personas de la responsabilidad de sus actos.

Relee, por favor, la frase empática con la que comienza este artículo. Para llegar a una frase de este estilo, necesitamos traducir la conversación anterior de lenguaje chacal a lenguaje jirafa:

Jirafa: Me ha parecido ver en tu móvil un vídeo porno…

Yo: Err… pues sí, aunque no me gusta el porno, de vez en cuando veo algún vídeo.

Jirafa: Vaya, admito que me sorprende que veas porno ya que conozco tu trayectoria política.

Yo: Sí, este es un tema del que no me gusta hablar públicamente porque pienso que voy a ser criticado.

Jirafa: Es cierto, mi primera impresión ha sido negativa y quizás te haya juzgado, sin embargo me gustaría hablar contigo de este tema en profundidad y sin la intención de juzgarte. Al decir que no te gusta, imagino que no te sentirás muy bien cuando lo haces.

(Al decirme que no desea juzgarme, me siento preparado para hablar de este tema)

Yo: Efectivamente, aunque me excita, una vez que me he masturbado me siento vacío y frustrado. Vacío porque no he canalizado mi necesidad de placer para profundizar en la capacidad de mi cuerpo para el auto-placer ni para compartir este placer con otra persona. Frustrado porque no satisfago mi necesidad de amar y respetar a todas las personas, al contrario, pienso que las estoy dañando.

Jirafa: Me gustaría comprobar si he entendido la causa de tu vacío y frustración. ¿Quieres decir que tus sentimientos negativos provienen de la estrategia elegida, no del hecho de proporcionarte placer a ti mismo?.

Yo: Claro, para mí no hay nada negativo cuando me masturbo, pero sí cuando elijo ver porno.

(Al no sufrir juicios moralistas por parte de mi interlocutora, no necesito excusarme ni negar mi responsabilidad. Acepto que “elijo” satisfacer mis necesidades de la forma que lo hago y me hago responsable de mis sentimientos y mis necesidades. Mi interlocutora puede finalizar la conversación invitándome a que me haga una petición a mí mismo)

Jirafa: ¿Podrías hacerte una petición clara y honesta a ti mismo que vaya en la dirección de satisfacer tus otras necesidades y evitar esos sentimientos negativos?

Yo: Sí, voy a utilizar la Comunicación No Violenta y las redes sociales para visibilizar los efectos que el porno tiene sobre mis pensamientos, emociones, sentimientos y necesidades de forma que me vaya haciendo cada vez más consciente de los efectos negativos del porno en mi vida y en la de otras personas. Espero así hablar con otros hombres y mujeres de sexualidad y de cómo potenciar el autoconocimiento de mi cuerpo.


He elegido el tema del porno puesto que ha sido un tema tabú para mí hasta hace muy poco tiempo y el no compartirlo contribuía a mi sentimiento de vacío y soledad.

Sé que es arriesgado, en nuestra cultura, decir que veo porno y que no me siento culpable. El lenguaje jirafa es así, prefiere la asunción de la responsabilidad por las propias acciones a la culpa. ¿Serías capaz de mantener una conversación jirafa con una persona que fuma o come carne o toma drogas o ve la televisión?

Curso de gramática: de lenguaje chacal a lenguaje jirafa

Hoy me he sentado delante de un ordenador para escribir algunas ideas que quiero compartir contigo y he pasado unos cinco minutos decidiendo cómo comenzar pues me siento un poco indeciso y un pelín nervioso porque quiero expresarme de forma clara, sincera y cuidadosa ya que me gustaría que leyeras este texto con atención.

Desde niño siempre he tenido la necesidad de ampliar la gramática de forma que haya más tipos de oraciones aparte de las enunciativas, desiderativas, exclamativas, etc. Cada vez que me he encontrado en la tesitura de tener que explicar a otra persona que lo que le había dicho carecía de la más mínima intención de hacerle daño o cada vez que tenía que usar expresiones con una gran carga emotiva para transmitir mi mensaje, como “estoy tremendamente consternado”, “lo siento en lo más profundo de mi corazón”, “eres la persona más importante para mí en mi vida”,… me he sentido frustrado y me he lamentado: ¿por qué no habrá una forma de utilizar el lenguaje en la que la otra persona entienda perfectamente lo que quiero decirle?

Esta aspiración infantil se ha ido desvaneciendo conforme he ido aprendiendo que en la comunicación yo no puedo controlar cómo tú entiendes mi mensaje. Sin embargo, he aprendido gracias a la Comunicación No Violenta (CNV), que la forma en que yo me expreso y la forma en la que tú me entiendes se ven afectadas por nuestros sentimientos y necesidades. Si tú y yo ponemos un delicado interés en diferenciar los hechos, los pensamientos, los sentimientos y las necesidades en nuestra conversación y estamos dispuestas a cuidarnos, a conectarnos y a dar y ofrecer empatía, entonces estaremos utilizando el lenguaje de un nuevo modo: la comunicación empática.

Relee, por favor, la frase con la que comienza este texto y trata de identificar los hechos, mis sentimientos, mis necesidades y la petición que te hago. He utilizado este tipo de oración para comenzar este texto porque creo que hablando de esta manera vas a conectar mejor con mis sentimientos y necesidades.  A este tipo de comunicación, en el marco de la CNV se la conoce como comunicación jirafa.

Imagina que hubiera comenzado este artículo con la siguiente frase:

Nuestras relaciones cada vez van a peor porque no sabemos comunicarnos. En las escuelas nos enseñan a obedecer sin rechistar, en las familias impera la ley de la autoridad y en la sociedad los medios de comunicación nos hacen enmudecer. Pero hay un tipo de comunicación más sincera y auténtica llamada Comunicación No Violenta desarrollada por Marshall Rosenberg que cuando se practica mejora nuestra capacidad de empatizar con los demás.

¿Qué información te transmito sobre mi estado de ánimo? ¿Qué me mueve a escribir? ¿A quién me dirijo? ¿Qué te pido a ti como lectora? Al escribir de esa manera, tú no tienes elementos para responder a estas preguntas ni yo demuestro ningún interés por cómo estás recibiendo mi mensaje. Esta forma de comunicación es una forma que no me está acercando a ti y por lo tanto, difícilmente va a producir una conexión en la que ambas podamos satisfacer nuestras necesidades.

A este tipo de comunicación, en el marco de la CNV se la conoce como comunicación chacal. Y me apena constatar que a mi alrededor y en mí mismo, este tipo de comunicación chacal está muy presente.

Este artículo es la introducción de una serie de artículos sobre Comunicación No Violenta en los que voy a compartir mis esfuerzos para transformar mi comunicación chacal en comunicación jirafa. En cada artículo trataré de un elemento gramatical del lenguaje chacal y cómo se puede traducir a lenguaje jirafa.

El próximo artículo tratará sobre uno de los elementos gramaticales del lenguaje chacal utilizados con más frecuencia: la culpa.